Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT)


 

«El trauma no se trata solo de lo que nos pasó, sino de lo que no pudimos hacer en respuesta» Francine Shapiro)

Neurosis de Guerra

El Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT) es una psicopatología que fue inicialmente denominada “neurosis de guerra”, en referencia a las secuelas psicofisiológicas observadas en los excombatientes de la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Estas manifestaciones clínicas incluían alteraciones emocionales, cognitivas y conductuales derivadas de la exposición prolongada a situaciones extremas de violencia y amenaza vital.

Posteriormente, este cuadro psicopatológico fue reconocido en una amplia variedad de contextos traumáticos, debido a la similitud de los síntomas presentados por personas expuestas a diferentes tipos de eventos adversos. Aunque el TEPT puede manifestarse en individuos de cualquier rango de edad, todos los casos comparten la persistencia de la sintomatología durante al menos varias semanas, lo que conlleva un deterioro significativo en el funcionamiento personal, familiar y social.

Las personas que padecen Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT) han sido expuestas a acontecimientos traumáticos de carácter brusco, aversivo e inhabitual, tales como experiencias bélicas, agresiones sexuales, accidentes graves o catástrofes naturales. Este tipo de sucesos puede provocar consecuencias psicológicas severas, afectando de manera significativa a la estabilidad emocional y al funcionamiento psicológico de las víctimas.

En España, se estima que aproximadamente el 1,95% de la población general presenta TEPT, observándose una mayor prevalencia en personas que han sufrido violencia sexual o maltrato psicológico. Asimismo, los estudios indican una mayor incidencia del trastorno en mujeres en comparación con los hombres. Aunque alrededor del 25% de las personas expuestas a eventos traumáticos desarrollan TEPT, esta proporción se incrementa notablemente en el caso de mujeres que han sido agredidas o maltratadas en el ámbito doméstico, alcanzando cifras que oscilan entre el 50% y el 60%.

¿Cómo se diagnostica el Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT)?

El diagnóstico del TEPT debe ser realizado por un profesional de la salud mental cualificado, quien evalúa de manera exhaustiva la sintomatología presentada por la persona y determina la presencia de este u otro trastorno psicológico.

Los criterios diagnósticos del TEPT se estructuran, de forma general, en tres grandes grupos de síntomas. En primer lugar, se observa la reexperimentación persistente del acontecimiento traumático, que puede manifestarse a través de recuerdos intrusivos e involuntarios, imágenes recurrentes, pensamientos perturbadores o pesadillas relacionadas con el suceso vivido.

En segundo lugar, aparece un patrón de evitación, caracterizado por el esfuerzo consciente por evitar lugares, personas o situaciones asociadas al trauma, así como la resistencia a hablar sobre lo ocurrido incluso con personas cercanas.

Por último, se identifican alteraciones persistentes en la activación y reactividad, tales como respuestas exageradas de sobresalto, hipervigilancia, dificultades de concentración, irritabilidad, explosiones de ira y, con frecuencia, trastornos del sueño.

En algunos pacientes con TEPT puede presentarse un tipo de amnesia conocida como amnesia disociativa, que consiste en la incapacidad parcial o total para recordar información relevante relacionada con el acontecimiento traumático. Este fenómeno suele estar vinculado a intensos sentimientos de vergüenza o culpabilidad experimentados por la víctima.

El TEPT constituye un cuadro clínico que genera una interferencia significativa en el funcionamiento social, laboral y personal del individuo. Es habitual que la persona pierda el interés por actividades que anteriormente resultaban placenteras, así como que experimente un embotamiento afectivo, con dificultades para expresar emociones de intimidad y ternura. Asimismo, pueden aparecer procesos de autoinculpación que afectan negativamente a la autoestima, dificultando de manera considerable la readaptación emocional.

¿Cómo se trata el Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT)?

El TEPT no suele remitir de forma espontánea, por lo que existe un elevado riesgo de cronificación si no se interviene terapéuticamente. Su abordaje se basa fundamentalmente en intervenciones psicológicas con evidencia empírica, siendo la terapia de exposición uno de los tratamientos de primera elección. Esta modalidad terapéutica puede aplicarse mediante la exposición “en imaginación” a los recuerdos y pensamientos intrusivos relacionados con el trauma, así como mediante la exposición “en vivo”, que implica el afrontamiento gradual y controlado de las situaciones, lugares o estímulos temidos.

Otra estrategia relevante en el tratamiento del TEPT es el entrenamiento en el control de la ansiedad, cuyo objetivo es dotar al paciente de habilidades que le permitan manejar de forma más adaptativa la activación fisiológica y emocional. Este entrenamiento incluye técnicas conductuales, como la relajación y el control de la respiración, así como estrategias cognitivas, entre las que se encuentran las auto instrucciones, la distracción y el control de la ira.

En el caso específico de las víctimas de violencia de género, los objetivos terapéuticos se orientan prioritariamente al abordaje de los sentimientos de culpa y al fortalecimiento de la autoestima, con el fin de mejorar la interacción social y favorecer la recuperación del bienestar psicológico. Resulta esencial promover procesos de reeducación en habilidades personales y sociales que permitan a las víctimas reconstruir su proyecto vital, fomentando la autonomía personal y la restitución del control sobre sus propias vidas.

Asimismo, la evaluación de las emociones asociadas al trauma adquiere una especial relevancia, ya que actúan como variables predictoras del éxito terapéutico. Emociones como el miedo y el horror suelen correlacionarse con una mayor intensidad del TEPT, pero responden favorablemente a la terapia de exposición. Por el contrario, emociones como la ira o la culpa, que pueden presentar una menor intensidad en este trastorno, tienden a mostrar una respuesta terapéutica más limitada, siendo recomendable en estos casos la reestructuración cognitiva como intervención complementaria.

Los síntomas del TEPT persisten durante varias semanas y provocan un deterioro significativo en múltiples áreas del funcionamiento del individuo, incluyendo el ámbito personal, familiar, social, educativo y laboral. Para establecer el diagnóstico, es necesario descartar que dichos síntomas sean atribuibles a los efectos fisiológicos de sustancias o a otras afecciones médicas. Además, el trastorno puede presentar una expresión retardada, cuando los criterios diagnósticos no se cumplen hasta al menos seis meses después del acontecimiento traumático.