Hipnosis Clínica

 

“En la mayoría de los casos, el simple examen del enfermo no basta, por penetrante que sea, para descubrirnos tal punto de partida; resultado negativo, debido en parte a tratarse muchas veces de sucesos que al enfermo desagrada rememorar, pero, sobre todo, a que el sujeto no recuerda realmente lo buscado, e incluso ni sospecha siquiera la conexión causal del proceso motivador con el fenómeno patológico. Casi siempre es necesario hipnotizar al paciente y despertar en él durante la hipnosis los recuerdos de la época en el que el síntoma apareció por vez primera; procedimiento que nos permite ya establecer del modo más preciso y convincente la conexión buscada”. “Estudios sobre la Histeria” 1895; Sigmund Freud y Josef Breuer.

¿Qué es la Hipnosis?

La hipnosis es una técnica terapéutica que induce un estado de conciencia caracterizado por una profunda relajación y una atención altamente focalizada, lo que facilita el acceso a contenidos mentales no conscientes. Puede considerarse uno de los procedimientos más antiguos utilizados para promover cambios en los procesos cognitivos, afectivos, psicofisiológicos, perceptivos y conductuales mediante la sugestión.

Historia de la Hipnosis

La historia de la hipnosis es extensa y compleja, y se caracteriza por una evolución progresiva desde antiguas prácticas rituales y espirituales hasta su consolidación como una técnica terapéutica sustentada en bases científicas. Sus primeros antecedentes pueden rastrearse en ceremonias de curación de civilizaciones antiguas, en las que el trance y la sugestión desempeñaban un papel central en los procesos de sanación.

Desde la Antigüedad pueden identificarse prácticas análogas a la hipnosis en diversas civilizaciones, como Egipto, Grecia e India, donde se empleaban rituales, sugestión verbal, cantos y estados de trance con fines terapéuticos. En la Grecia clásica, los templos dedicados a Asclepio (Esculapio para los romanos), dios de la medicina y la curación, utilizaban el denominado sueño terapéutico (incubatio), mediante el cual los pacientes alcanzaban estados de conciencia alterados orientados a la sanación. Si bien estas prácticas no eran conceptualizadas como hipnosis en sentido moderno, ya incorporaban elementos fundamentales como la sugestión y la atención focalizada.

El inicio de la hipnosis en su concepción moderna se atribuye a Franz Anton Mesmer (1734–1815), quien observó que sus pacientes entraban en estados alterados de conciencia durante el tratamiento. Mesmer postuló la existencia de un supuesto fluido magnético que influía en la salud física y mental. Aunque esta teoría fue posteriormente desacreditada por la comunidad científica, los fenómenos observados resultaron clínicamente significativos y contribuyeron al desarrollo de los fundamentos de la hipnosis. De su apellido deriva el término mesmerismo, utilizado para describir estas primeras prácticas.

El desarrollo de la hipnosis como objeto de estudio científico se consolida en el siglo XIX con los aportes del médico escocés James Braid. A diferencia de sus predecesores, Braid rechazó la teoría del magnetismo animal propuesta por Mesmer y explicó los fenómenos hipnóticos desde una perspectiva psicológica, describiéndolos como un estado de concentración mental intensa y elevada sugestionabilidad.

Braid acuñó el término hipnosis, derivado del griego hypnos (sueño), aunque posteriormente aclaró que el estado hipnótico no debía equipararse al sueño fisiológico, sino a una condición particular de atención focalizada y conciencia modificada. A partir de sus aportes, la hipnosis comenzó a ser estudiada de manera sistemática, sentando las bases para su reconocimiento como un fenómeno susceptible de investigación científica.

En Francia, durante el siglo XIX, emergieron dos enfoques fundamentales en el estudio de la hipnosis. Por un lado, Jean-Martin Charcot, representante de la Escuela de la Salpêtrière, concibió la hipnosis como un fenómeno de naturaleza neurológica, estrechamente vinculado a la histeria, considerándola una manifestación patológica observable principalmente en pacientes con trastornos nerviosos.

Por otro lado, Hippolyte Bernheim, desde la Escuela de Nancy, sostuvo que la sugestión constituía el elemento central del fenómeno hipnótico y defendió que la hipnosis no era un estado patológico, sino una capacidad psicológica presente en la mayoría de las personas. La perspectiva de Bernheim ejerció una influencia decisiva en el desarrollo de la hipnosis clínica moderna, al desplazar el énfasis desde la patología hacia los procesos psicológicos normales.

Sigmund Freud incorporó inicialmente la hipnosis en su práctica clínica como un medio para acceder a recuerdos reprimidos y conflictos inconscientes en pacientes con sintomatología neurótica. No obstante, debido a las limitaciones que observó en su aplicación, especialmente en relación con la dependencia del terapeuta y la variabilidad en la respuesta de los pacientes, Freud abandonó progresivamente la hipnosis en favor del método de la asociación libre. A pesar de ello, la hipnosis desempeñó un papel relevante en la gestación del psicoanálisis y contribuyó de manera significativa al desarrollo de la psicoterapia moderna.

En el siglo XX, la hipnosis experimentó una profunda renovación gracias a los aportes de Milton H. Erickson. Su enfoque se caracterizó por una concepción naturalista, indirecta y flexible de la hipnosis, basada en el uso de metáforas, lenguaje ambiguo y estrategias adaptadas a los recursos individuales del paciente. Erickson concibió la hipnosis como un proceso colaborativo, orientado a facilitar el cambio terapéutico desde las capacidades propias de la persona. Este modelo constituye la base de la denominada hipnosis ericksoniana y ha influido notablemente en enfoques contemporáneos como la Terapia Breve Estratégica y la Programación Neurolingüística.

En la actualidad, la hipnosis es considerada una técnica terapéutica complementaria, y no una terapia en sí misma, que se integra dentro de distintos modelos de intervención psicológica y médica. Su aplicación clínica se extiende a ámbitos como el tratamiento del dolor, la reducción de la ansiedad y el estrés, el tratamiento de fobias, los trastornos psicosomáticos y la modificación de hábitos disfuncionales, como el consumo de tabaco o los problemas alimentarios. Su uso ha sido reconocido y avalado por diversas instituciones científicas y profesionales, entre ellas la American Psychological Association y la British Medical Association.

Desde una perspectiva contemporánea, la hipnosis se entiende como un estado de atención focalizada acompañado de una mayor receptividad a la sugestión, compatible con los modelos explicativos de la neurociencia y la psicología cognitiva. Esta concepción se aleja de los mitos tradicionales que la asocian con la pérdida de control de la voluntad o con un estado de sueño profundo, enfatizando, en cambio, el papel activo del individuo y la naturaleza psicológica del fenómeno hipnótico.

Mitos sobre la Hipnosis

Mito 1º La hipnosis no pertenece al campo de la psicología científica…

La hipnosis sí forma parte de la psicología científica y está reconocida por asociaciones profesionales como la American Psychological Association. Es utilizada como técnica clínica dentro de tratamientos psicológicos basados en la evidencia (dolor, ansiedad, fobias, hábitos, etc.). Las mejoras no dependen de la credulidad o ignorancia, sino de variables como la motivación, expectativas y colaboración del paciente.

Mito 2º La persona puede quedarse “enganchada” en trance…

No existe evidencia de que alguien pueda quedarse atrapado en un estado hipnótico. El trance no anula la conciencia ni la voluntad, y si el hipnotizador deja de hablar, la persona sale espontáneamente del estado. La hipnosis no provoca demencia ni pérdida de control volitivo.

Mito 3º La hipnosis puede despertar o agravar psicopatologías…

La hipnosis no crea trastornos mentales. Como cualquier técnica clínica, debe usarse con criterio profesional. En personas con psicopatología grave, se emplea con cautela o se evita, pero no porque sea peligrosa en sí, sino porque no es la técnica de primera elección. No hay pruebas de que genere trastornos en personas sanas.

Mito 4º La hipnosis es un estado similar al sueño…

La hipnosis no es sueño, aunque pueda haber relajación. La persona permanece despierta, consciente y atenta. No es necesario un ritual de inducción formal: la hipnosis puede darse en distintos grados y contextos, incluso de forma natural (por ejemplo, concentración intensa).

Mito 5º La hipnosis anula el control voluntario…

La persona no pierde su control moral ni su capacidad de decisión. Nadie puede ser obligado bajo hipnosis a hacer algo que vaya contra sus valores, principios o intereses. Los espectáculos exageran o simulan comportamientos para entretener, no representan la hipnosis clínica real.

Mito 6º La hipnosis provoca reacciones mágicas o extraordinarias…

Las respuestas hipnóticas son explicables psicológicamente (atención focalizada, sugestión, expectativas). No hay nada sobrenatural: la hipnosis potencia capacidades normales de la mente humana, no crea habilidades imposibles.

Mito 7º La hipnosis es una terapia rápida que no requiere esfuerzo…

La hipnosis no es una terapia en sí misma, sino una técnica complementaria dentro de un tratamiento psicológico. El cambio requiere participación activa del paciente. No solo las personas “muy susceptibles” pueden beneficiarse; la mayoría puede experimentar algún grado de respuesta hipnótica.

En definitiva, la hipnosis es una herramienta psicológica seria y científica, eficaz cuando se usa correctamente, pero rodeada de mitos alimentados por el cine y el espectáculo. No es mágica, no anula la voluntad y no sustituye al esfuerzo personal en el cambio terapéutico.

Aplicabilidad de la Hipnosis Clínica

La hipnosis clínica es un instrumento terapéutico basado en la evidencia que se utiliza como complemento dentro del abordaje psicológico y médico. Su eficacia se ha demostrado en diversos ámbitos de la salud física, mental y emocional.

La hipnosis en la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) se utiliza como una herramienta complementaria, no como terapia independiente. Su objetivo es potenciar las técnicas cognitivas y conductuales, facilitando el acceso a procesos internos como la atención, la imaginación y la regulación emocional.

La hipnosis clínica debe ser realizada exclusivamente por profesionales de la salud cualificados, como psicólogos, psiquiatras y médicos con formación específica.