TRASTORNO DE LA PERSONALIDAD PARANOIDE

 

El Trastorno de la Personalidad Paranoide (TPP) se caracteriza por una desconfianza y suspicacia persistentes, interpretando las intenciones de los demás como malévolas, sospechas de infidelidad, incluso sin pruebas claras, y un rencor persistente, manifestándose en distintos ámbitos de la vida desde la edad adulta.

Se diagnostica cuando están presentes cuatro o más de los siguientes rasgos:
  • Sospechas infundadas de que otros lo explotan, dañan o engañan.

  • Dudas persistentes e injustificadas sobre la lealtad o confianza de amigos o colegas.

  • Reticencia para confiar en los demás por miedo injustificado a que la información sea usada en su contra.

  • Interpretación de significados ocultos humillantes o amenazantes en comentarios o actos benignos.

  • Rencor persistente; no perdona insultos, ofensas o desaires.

  • Percepción recurrente de ataques a su carácter o reputación no evidentes para otros, con respuestas coléricas o contraataques.

  • Sospechas recurrentes e injustificadas sobre la fidelidad de la pareja o cónyuge.

El patrón no ocurre exclusivamente durante el curso de esquizofrenia, trastorno bipolar o trastorno depresivo con características psicóticas, ni es atribuible a los efectos de otra afección médica.

El TPP puede debutar desde la infancia o la adolescencia, con características como aislamiento social, relaciones pobres con los compañeros, ansiedad social, bajo rendimiento académico e hipersensibilidad interpersonal. Cuando el inicio ocurre en la adolescencia, suele asociarse a antecedentes de maltrato infantil, conductas externalizantes, acoso hacia los compañeros y un mayor riesgo de agresión interpersonal en la edad adulta.

La prevalencia estimada del trastorno paranoide de la personalidad en la población general se sitúa aproximadamente entre el 0,5% y el 4,4%, aunque algunos estudios informan rangos más elevados, cercanos al 3%–5%, especialmente en Estados Unidos.

El TPP parece ser más frecuente en hombres que en mujeres, tanto en estudios poblacionales como en muestras clínicas. Asimismo, se observa con mayor frecuencia en entornos clínicos, lo que sugiere una mayor detección en personas que buscan atención psiquiátrica.

Entre los factores de riesgo ambientales se encuentra la exposición a estresores sociales, como la desigualdad socioeconómica, la marginación y el racismo, los cuales se asocian con un aumento de la desconfianza, que en determinados contextos puede cumplir una función adaptativa. No obstante, el trauma infantil —incluyendo el maltrato y la negligencia— constituye un factor de riesgo particularmente significativo para el desarrollo del TPP.

En cuanto a los factores genéticos, se ha observado una mayor prevalencia del trastorno paranoide de la personalidad en individuos con familiares de primer grado diagnosticados de esquizofrenia o de trastorno delirante de tipo persecutorio, lo que sugiere la existencia de una vulnerabilidad genética compartida. En algunos casos, el TPP puede actuar como un estado premórbido del trastorno delirante o de la esquizofrenia.

Asimismo, el TPP se asocia tanto con antecedentes familiares de trastornos psicóticos como con experiencias tempranas de trauma. Es frecuente la comorbilidad con otros trastornos de la personalidad y con trastornos de ansiedad, lo que puede dificultar su diagnóstico diferencial y su abordaje clínico. Ante situaciones de estrés, los individuos con TPP pueden presentar episodios psicóticos breves, generalmente de duración limitada, que oscilan entre minutos y horas.

Las características más significativas de la ideación paranoide incluyen la interpretación de comentarios neutros como ataques o manifestaciones de desprecio, una vigilancia constante acompañada de la búsqueda de significados ocultos, y una escasa capacidad para reconocer que la desconfianza puede ser infundada.

Asimismo, estos individuos presentan un mayor riesgo de desarrollar un trastorno depresivo mayor, así como agorafobia y trastorno obsesivo-compulsivo. Son también frecuentes los trastornos por consumo de alcohol y otras sustancias.

Para Sigmund Freud, especialmente en textos como “Notas psicoanalíticas sobre un caso de paranoia (caso Schreber)” (1911), la paranoia se entiende como un trastorno defensivo frente a deseos internos inaceptables. 

Efectivamente, desde la perspectiva psicoanalítica freudiana, la paranoia —concebida históricamente como una forma de psicosis— se explica fundamentalmente como un mecanismo defensivo frente a la autoacusación y a deseos inconscientes reprimidos, en particular aquellos de carácter homosexual.

Freud sostiene que el mecanismo central implicado es la proyección, mediante la cual impulsos internos inaceptables (como el amor, el deseo o la hostilidad) son reprimidos y posteriormente atribuidos al exterior. De este modo, afectos que pertenecen al propio sujeto son percibidos como provenientes de otros, generalmente bajo la forma de persecución, hostilidad o amenaza. La construcción delirante cumple así una función defensiva, en tanto permite preservar la cohesión del yo al desplazar el conflicto intrapsíquico hacia una supuesta realidad externa.

Freud vinculó la paranoia, de manera muy característica de su época, con la homosexualidad inconsciente reprimida, especialmente en varones. El esquema clásico sería algo como:
“Yo lo amo” → “No, yo no lo amo” → “Él me odia / me persigue”
Así, el conflicto interno se transforma en una amenaza externa, lo que protege al yo de la autoacusación, la culpa o la angustia.

Destaquemos un matiz importante: Freud no pensaba la paranoia solo como “creer cosas falsas”, sino como una solución psíquica (aunque patológica) para manejar un conflicto interno intolerable. En ese sentido, el delirio tiene una función defensiva y estructurante.

Desde perspectivas posteriores (psicoanálisis contemporáneo, psiquiatría actual), esta explicación se considera históricamente influyente pero limitada, especialmente por su énfasis casi exclusivo en la homosexualidad reprimida. Aun así, la idea de la proyección como núcleo del pensamiento paranoide sigue siendo muy influyente.