El dilema del uso de las Redes Sociales en menores de 16 años

 


El 3 de febrero del 2026 el presidente del Gobierno anunció en Dubái, en la celebración del “World Governments Summit”, que en España se prohibirá el acceso a plataformas digitales a menores de dieciséis años.

En la nota de prensa emitida por Moncloa el 3 de febrero del 2026 se afirma que esta regulación va destinada a hacer frente a los abusos de las grandes plataformas digitales y garantizar un entorno digital seguro, democrático y respetuoso con los derechos fundamentales” ya que, en palabras de Sánchez, en las redes sociales "las leyes se ignoran y los delitos se toleran" afectando especialmente a los menores que, además, son los que más las usan.

Ciertamente, el 67% de los niños y adolescentes españoles, usa las RRSS todos los días, el 17,8% casi nunca o nunca las usa, y un 10,8% lo hace alguna vez a la semana. Cifras que muestran “su importancia en la vida cotidiana y la tendencia de un uso mayoritario diario, en contraste con una minoría que apenas las emplea”

Además, el acceso a Internet y a las redes sociales comienza cada vez a edades más tempranas, entre los 8 y 10 años, intensificándose notablemente a partir de los 12 o 13 años.

Aunque pueden ofrecer ciertos beneficios, su uso conlleva riesgos relevantes.

Algunos beneficios específicos de las RRSS incluyen:

Desarrollo social: Permite mantener contacto con amigos y familiares, mejorar habilidades de comunicación y sentirse parte de un grupo.

Aprendizaje y acceso a información: Facilita la búsqueda de recursos educativos, tutoriales, noticias y contenidos culturales o científicos.

Expresión personal y creatividad: Los menores pueden compartir arte, música, escritura o proyectos personales, fomentando la autoestima y la creatividad.

Apoyo y pertenencia: Encuentran comunidades con intereses comunes (lectura, deportes, hobbies, causas sociales), lo que puede fortalecer la confianza y sentido de pertenencia.

Habilidades digitales: Aprenden competencias tecnológicas importantes para la escuela y el futuro laboral.

Oportunidades educativas y extracurriculares: Participación en cursos online, concursos, grupos de estudio o proyectos colaborativos.

El uso de las redes sociales en menores conlleva riesgos particulares porque aún están en desarrollo emocional, social y cognitivo. Los principales son:

Ciberacoso (cyberbullying): Los menores pueden ser víctimas o incluso perpetradores de acoso en línea, lo que afecta su autoestima y salud mental.

Exposición a contenido inapropiado: Violencia, pornografía, discursos de odio o información falsa que no pueden procesar adecuadamente.

Adicción y dependencia: Pasar demasiado tiempo en redes puede afectar sueño, estudios y relaciones familiares, el 29 % de los menores reconoce sentirse enganchado.

Riesgos de privacidad y seguridad: Compartir datos personales sin entender las consecuencias puede llevar a contactos peligrosos o explotación.

Problemas de autoestima y comparación social: Compararse constantemente con otros puede generar ansiedad, depresión o inseguridad.

Influencia de presión social: Tendencias peligrosas, desafíos virales riesgosos o consumo de productos inadecuados por influencia de compañeros o influencers.

Aunque, la prohibición no suele ser la opción más eficaz

1.       Genera clandestinidad: Los menores pueden usar las redes de manera secreta, sin supervisión, aumentando los riesgos de exposición a contenido inapropiado o ciberacoso.

2.       No fomenta la educación digital: Limitar sin enseñar cómo usarlas responsablemente no desarrolla habilidades de seguridad, privacidad ni pensamiento crítico.

3.       Puede afectar la socialización: Las redes forman parte de la vida social moderna; prohibirlas puede aislar al menor de sus grupos de amigos o de oportunidades educativas.

4.       Refuerza la curiosidad peligrosa: La prohibición absoluta puede aumentar la tentación y la exploración imprudente de contenidos inseguros.

Se recomienda un enfoque equilibrado

  • Supervisión y acompañamiento: Establecer reglas claras de uso, tiempos y privacidad.
  • Educación digital: Enseñar a identificar noticias falsas, proteger datos y comportarse responsablemente en línea.
  • Fomentar el diálogo: Que los menores se sientan cómodos compartiendo experiencias y problemas que surjan en redes.

¿Por qué la barrera en los 16 años?

Desde un punto de vista biológico, antes de los 16 años el cerebro aún se encuentra en pleno desarrollo, especialmente las áreas prefrontales responsables del autocontrol, la toma de decisiones y la regulación emocional. Esta inmadurez neurológica aumenta la vulnerabilidad de los menores a la sobreestimulación, la dependencia, la presión social y la dificultad para evaluar riesgos en el entorno digital, lo que justifica la necesidad de establecer límites de uso antes de esa edad.

El uso intensivo de Internet activa de forma repetida los circuitos de recompensa cerebral, especialmente la dopamina, lo que incrementa el riesgo de conductas adictivas. Antes de los 16 años, estos sistemas están especialmente sensibilizados, mientras que los mecanismos de control inhibitorio aún no están maduros, lo que favorece la dependencia, la búsqueda constante de estímulos y la dificultad para regular el uso de las tecnologías.

Internet y las redes sociales se han consolidado como elementos centrales de la vida diaria, especialmente para las generaciones que han crecido inmersas en el entorno digital. En este contexto, reducir o interrumpir su uso supone un desafío, ya que quedar al margen de este “escenario virtual” puede provocar sentimientos de aislamiento y el miedo a perderse acontecimientos relevantes, fenómeno conocido como FOMO (Fear of Missing Out,miedo a perderse algo”) es una patología psicológica que se define como una aprehensión generalizada de que otros pueden estar viviendo experiencias gratificantes de las que uno está ausente, y un deseo intenso de estar continuamente conectado con lo que otros hacen. Este miedo también está ligado al miedo al arrepentimiento y a la necesidad de no perder oportunidades de interacción social o experiencias nuevas.

El desarrollo de Internet y las redes sociales ha ampliado la interacción social más allá de lo presencial, lo que puede generar una dependencia psicológica a estar “en línea”. Esta necesidad de conexión permanente puede dar lugar a ansiedad, estado de ánimo negativo e incluso síntomas depresivos cuando la persona siente que está perdiéndose algo si no está conectada.

Entre las causas potenciales se encuentran la baja autoestima, el exceso de información en línea y la percepción de no satisfacer necesidades sociales básicas. Como consecuencia, el FOMO puede contribuir a problemas de salud mental como ansiedad o depresión, y mantener a los individuos en un ciclo de comprobaciones constantes de las redes.

Educar más, prohibir menos

Frente a la prohibición total del uso de las redes sociales, resulta más eficaz una estrategia basada en la educación, la regulación y el acompañamiento. Esto implica establecer límites claros y progresivos en el tiempo de uso, supervisar los contenidos de forma acorde a la edad y promover la alfabetización digital y emocional tanto en los menores como en sus familias. Asimismo, una comunicación abierta y constante permite prevenir conductas de riesgo y favorece el desarrollo de la autorregulación, el pensamiento crítico y una relación más saludable con la tecnología.



Referencias:

https://www.lamoncloa.gob.es/presidente/actividades/paginas/2026/030226-sanchez-cumbre-gobiernos-dubai.aspx

https://www.cop-cv.org/noticia/18229-mas-alla-de-la-prohibicion-educacion-y-modelos-familiares-en-el-uso-de-redes-sociales 

https://observainfancia.es/wp-content/uploads/2024/10/EmoChild_Informe2_2024.pdf

https://es.wikipedia.org/wiki/S%C3%ADndrome_FOMO