«Unos magos de Oriente llegaron a Jerusalén diciendo: “¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en Oriente y venimos a adorarle”»
En el Evangelio de Mateo (2,1-12), los llamados Reyes Magos aparecen descritos como sabios de Oriente que siguieron una estrella hasta Belén para adorar al niño Jesús y ofrecerle oro, incienso y mirra, regalos cargados de significado simbólico: el oro representa la realeza, el incienso la divinidad y la mirra el sufrimiento y la muerte.
El evangelio no especifica cuántos eran. La tradición de que fueran tres surge posteriormente, deducida del número de dones ofrecidos. Tampoco menciona sus nombres: Melchor, Gaspar y Baltasar aparecen siglos más tarde, especialmente en tradiciones cristianas orientales y medievales, entre los siglos VI y VIII.
El texto bíblico emplea el término griego μάγοι (magoi), que en el mundo antiguo designaba a sabios, astrólogos o sacerdotes eruditos, especialmente vinculados a regiones como Persia o Babilonia, y no a “magos” en el sentido moderno de hechiceros.
Asimismo, la idea de que los Reyes Magos representaran a los pueblos del mundo entonces conocido —Europa, Asia y África— es una elaboración simbólica posterior de la tradición cristiana y cultural, y no un dato explícito del Evangelio.
¿Conviene
inculcar a los niños la creencia en los Reyes Magos?
Desde la
psicología evolutiva, sí resulta conveniente, siempre que se haga de forma
respetuosa y acorde al desarrollo del niño. Creer en los Reyes Magos es psicológicamente
beneficioso, ya que fomenta la imaginación, la creatividad, la paciencia y la autorregulación
emocional, habilidades fundamentales para el desarrollo cognitivo y la
inteligencia emocional.
Además,
esta creencia se apoya en el pensamiento simbólico y mágico propio de la etapa entre
los 2 y 7 años, y suele abandonarse de manera progresiva y autónoma al alcanzar
los niños la edad de 8/12 años, sin perjuicio psicológico.
En este
sentido, no se trata de un engaño, sino de una experiencia simbólica y
cultural ajustada a la madurez cognitiva infantil, que refuerza los vínculos
familiares y la identidad cultural, y ayuda a los niños a comprender
el mundo antes de la consolidación del razonamiento abstracto, manteniendo
la ilusión y promoviendo valores como la generosidad y la tradición.
Según la
Teoría del Desarrollo Cognitivo de Jean Piaget (1936) el desarrollo
intelectual se produce mediante una reorganización progresiva de los
procesos mentales, resultado de la interacción entre la maduración
biológica y la experiencia con el entorno. Piaget propuso cuatro estadios
universales y secuenciales:
1. Etapa sensoriomotora (0-2
años): el niño explora el mundo a través de los sentidos y las acciones, y
desarrolla la noción de permanencia del objeto.
2. Etapa preoperacional (2-7
años): surge el pensamiento simbólico, el lenguaje y el juego simbólico; el
pensamiento es egocéntrico y no lógico.
3. Etapa de las operaciones concretas
(7-11/12 años): se desarrolla el pensamiento lógico aplicado a situaciones
concretas, como la conservación, la clasificación y la seriación.
4. Etapa de las operaciones formales (12
años en adelante): aparece el razonamiento abstracto, hipotético y científico.
Durante
la etapa preoperacional (2-7 años), el pensamiento infantil se caracteriza por
el egocentrismo y el pensamiento mágico, lo que favorece la creencia en figuras
fantásticas como los Reyes Magos o Papá Noel. Con la transición a la etapa de
las operaciones concretas, el progresivo desarrollo del pensamiento lógico y la
capacidad para contrastar la información con la realidad conducen a que muchos
niños cuestionen estas creencias y lleguen por sí mismos a comprenderlas como
tradiciones de carácter simbólico.
En
resumen, lejos de ser perjudicial, creer en los Reyes Magos es una etapa del
desarrollo infantil que, bien gestionada, nutre la fantasía, la inteligencia
emocional y valores importantes para el crecimiento.
La
creencia en los Reyes Magos y Papá Noel favorece el desarrollo del pensamiento
simbólico, la regulación emocional, la transmisión de valores y la construcción
de la identidad cultural durante la infancia.
Desde la
psicología evolutiva, estas creencias no se consideran engaños, sino experiencias
simbólicas adaptadas al nivel cognitivo del niño, con un claro valor
educativo y emocional.
El pensamiento
mágico, especialmente presente en la infancia, cumple una función adaptativa
y evolutiva aportando numerosos beneficios en el desarrollo integral del
niño:
Beneficios
del Pensamiento Mágico
Desarrollo
cognitivo. Estimula
el pensamiento simbólico, la imaginación y la capacidad de anticipación, además
de favorecer la toma de decisiones (qué pedir en la carta a los Reyes Magos) y
la comprensión de narrativas complejas.
Imaginación
y creatividad. El
pensamiento mágico, esencial en la infancia para la creatividad, fomenta la
flexibilidad mental y la resolución de problemas.
Inteligencia
emocional. La
ilusión, la espera y la sorpresa contribuyen al desarrollo de la
autorregulación emocional, la tolerancia a la frustración y la gestión de la
excitación.
Valores
y aprendizaje moral. Las
figuras de los Reyes Magos o Santa Claus transmiten valores como la
generosidad, la gratitud, la solidaridad y la responsabilidad, al asociar las
conductas con consecuencias simbólicas.
Seguridad
emocional. Proporcionan
una sensación de protección y esperanza, creando experiencias positivas que
refuerzan el bienestar emocional.
Socialización
y vínculos afectivos. Compartir la creencia fortalece los lazos familiares y
sociales, promueve la comunicación intergeneracional y crea recuerdos
emocionales duraderos.
Identidad
cultural: En
el caso de los Reyes Magos, la creencia refuerza tradiciones culturales
profundamente arraigadas en España, como la cabalgata, la noche del 5 de enero
y los rituales familiares asociados. Por su parte, Santa Claus (Papá Noel)
cumple una función similar a nivel global, al formar parte de una tradición
compartida internacionalmente que favorece el sentimiento de pertenencia a una
cultura común.
Transición natural al
pensamiento lógico: A
medida que progresa el desarrollo cognitivo y los niños acceden a la etapa de
las operaciones concretas, la adquisición del pensamiento lógico favorece el
cuestionamiento y el abandono gradual de estas creencias, proceso que suele
producirse de manera autónoma y sin consecuencias psicológicas negativas.

